Retrato de estos días

Del Cuaderno de Poesía (2001):
Sigo volviendo los ojos hacia atrás, hacia la que tímidamente se inclinaba sobre su breve escritorio y en distintos colores echaba de sí una veintena de poemas sin el menor esfuerzo... Sigo volviendo los ojos hacia la que fui porque estoy anegada en la que soy y quiero vislumbrar la que seré. 

MONOTONÍA

¿Cómo decir este deseo del alma?
Un deseo divino me devora,
pretendo hablar, pero se rompe y llora,
esto que llevo adentro y no se calma.

Pretendo hablar pero se rompe y llora,
lo que muere al nacer dentro del alma.
¿Cómo decir el mal que me devora,
el mal que me devora y no se calma?

Y así pasan los días por el alma,
y así en su daño obsesionada, llora.
¿Cómo decir el mal que me devora,
el mal que me devora y no se calma?

Alfonsina Storni

Las vueltas seguras de la muerte

Como he declarado ya por algún lugar, soy bibliómana. Quiere decirse que cada vez que puedo (e incluso cuando no puedo) compro libros. No cualesquiera libros, sino libros que llamen mi atención, que sean de mis autores favoritos, que sean de autores que aún no he leído pero sé que, por diversas circunstancias, debo leer o bien libros que pertenecen a colecciones que ya sé que no van a defraudarme. También compro libros por sus tapas, por sus títulos y muchas veces porque algún escritor declaró que habían significado algo trascendental para él. Desde luego, también compro libros porque sí, porque están en oferta o porque se me da la real gana. 
Días pasados (escribo esto hoy mismo, mayo de 2010, no copio nada del cuaderno de poesía del 2001 en esta ocasión), di con una antología del CEAL, perteneciente a su colección Capítulo, Biblioteca Argentina Fundamental, colección que verdaderamente hace honor a su nombre. Extraigo de allí el siguiente poema que les leí a mis alumnos del taller de escritura; no sé qué impacto habrá causado en ellos pero sí sé el impacto que me produjo a mí: 

POEMA XIII

Más allá de las aguas grises bajan las colinas.
Nadie vigila. 
Sobre las noches descompuestas concentro mi afinación.
Todo lo nuestro llega; las ventanas amigas
entran las lejanías,
pero ya no saldremos nunca de esta mañana
opaca.
Avanzan hacia nosotros las vueltas seguras de la muerte.

Jacobo Fijman
La generación poética de 1922.

¿Con qué hacer poesía?

¿Con qué escribir poesía? ¿Con los sentidos, con la sangre, con la razón? ¿Con lo que pasa, con lo que vivimos, con lo que ya pasó? ¿Con los ojos, el agua, el corazón? ¿Con nada de lo anterior? ¿Con qué hacer poesía entonces? He aquí una respuesta factible: 

PROCURA DE LA POESÍA

No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte ante la poesía.
Frente a ella la vida es un solo estático,
no calienta ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios, los incidentes personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente, completo y confortable cuerpo, tan enemigo de la efusión lírica.
Tu gota de bilis, tu máscara de gozo o de dolor en lo oscuro son indiferentes.
Ni me reveles tus sentimientos,
que se prevalecen del equívoco y tientan el largo viaje.
Lo que piensas o sientes, eso aún no es poesía.

No cantes a tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas ni el secreto de las casas.
No es la música oída de paso; rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma.
El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza, nada significan.
La poesía (no extraigas poesía de las cosas)
elude sujeto y objeto.

No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
No te aborrezcas.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
vuestras mazurcas y supersticiones, vuestros esqueletos de familia,
desaparecen en la curva del tiempo, son inservibles.

No recompongas
tu sepultada y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y la
memoria en disipación.
Que se disipó, no era poesía.
Que se partió, cristal no era.

Penetra sordamente en el reino de las palabras.
Allá están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, mas no hay desesperación,
hay calma y frescura en la superficie intacta.
Helos allí solos y mudos, en estado de diccionario.
Convive con tus poemas, antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros. Calma, si te provocan.

Espera que cada uno se realice y consuma
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No recojas en el suelo el poema que se perdió.
No adules al poema. Acéptalo
como él aceptará su forma definitiva y concretada
en el espacio.

Acércate y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil fases secretas sobre la neutra faz
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible, que le des:
¿Trajiste la llave?

Repara:
yermas de melodía y de concepto,
ellas se refugian en la noche, las palabras.
Aún húmedas e impregnadas de sueño
rolan en un río difícil y se transforman en desprecio.


Carlos Drummond de Andrade
Traducción: Manuel Graña Etcheverry

Aquí puede leerse el original en portugués y escuchar al propio Drummond de Andrade recitando el poema.